La historia del secretariado

La palabra “secretario” viene directamente del latín, del participio del verbo secernere, secretum, que significaba “distinguir” o “discernir”. Un secretarius era la persona que llevaba los negocios en secreto sobre todo para una persona poderosa como un noble. Esta figura se comenzó a popularizar en el Renacimiento y fue en el siglo XIX cuando ya se constituyó en una figura estable que se ocupaba sobre todo de la correspondencia diaria y de otro tipo de ayudas para los poderosos.

Con el tiempo, el título se fue ampliando y un secretario fue asumiendo distintas funciones, con una cierta especialización. Encontramos, pues, un secretario financiero, un secretario general… Dejando simplemente la palabra “secretario” para los puestos menos concretos.

Con la invención de la máquina de escribir en la década de 1880, muchas mujeres entraron en el campo del secretariado y a partir de la Primera Guerra Mundial, el puesto de secretaria ha sido asociado a las mujeres tradicionalmente, aunque últimamente se ha igualado la proporción de ambos sexos.

Hoy en día es rara la empresa mediana que no tiene un secretario o secretaria para organizar llamadas, mantener al día la agenda o realizar tareas imprescindibles para la marcha de la empresa pero no relacionadas directamente con su actividad principal.

Vía | Wikipedia

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